Los lápices personalizados son la papelería más sencilla de repartir y de las que más se usan, porque se gastan y no se guardan. Los hay de madera, cartón reciclado, papel o bambú, con y sin goma, y más de ciento treinta referencias. Son el estándar de la campaña escolar. Si el detalle tiene que durar, aguanta más un bolígrafo personalizado.